Eirinet Gómez.

Vía: La Jornada.

Un compuesto utilizado para dar flexibilidad a los plásticos puede dañar el ADN de las tortugas de agua dulce y afectar su crecimiento, reveló un estudio realizado por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En entrevista con La Jornada, Víctor Hugo Reynoso Rosales, del Instituto de Biología de la UNAM, cuenta que la primera vez que pensó en esta investigación fue en 2015, cuando un video de una tortuga marina con un popote en la nariz se hizo viral.

“Las imágenes, que alcanzaron millones de visualizaciones, pusieron el foco en los microplásticos, se prohibió utilizar los popotes y de las bolsas de un solo uso”, recuerda. Así que cuando una de sus estudiantes le habló de su interés por estudiar los residuos plásticos, vio la oportunidad de retomar el tema.

“Teníamos claro que muchas tortugas que comen microplásticos mueren; pero no sabíamos si lo hacían por los plásticos compactados en su estómago o por los químicos que liberan”, apunta.

Durante 14 semanas, los investigadores estudiaron a 20 tortugas mesoamericanas (Trachemys venusta), que recibieron distintas dosis de ftalato DEHP, una sustancia que se usa para suavizar plásticos como el PVC y está presente en numerosos productos de uso cotidiano.

Después analizaron muestras de sangre para determinar si el compuesto había dañado su material genético. Además, monitorearon su peso y la longitud de su caparazón para evaluar si su crecimiento corporal se veía afectado.

Los análisis de laboratorio mostraron que el ftalato DEHP daña el ADN de las tortugas y aumenta la presencia de pequeñas estructuras llamadas micronúcleos, una señal de que las células sufrieron afectaciones en su material genético y no lograron repararlo por completo.

“Las tortugas tienen la capacidad de degradar el plástico con sus ácidos gástricos. Esto significa que todos los químicos que lo integran pasan casi libres a través de su tracto digestivo”, destaca Reynoso Rosales.

El estudio, publicado en la revista Aquatic Toxicology, es la primera evidencia de daño genético provocado por el compuesto ftalato DEHP en tortugas de agua dulce. Hasta ahora, los efectos de este compuesto sólo se habían estudiado en peces y mamíferos.

El hallazgo resulta relevante porque esta especie, que habita desde el sur de México hasta Colombia, es consumida en algunas regiones y forma parte de ecosistemas acuáticos donde se ha identificado la presencia del ftalato DEHP, como el río Atoyac, que recorre varios estados. En estos ambientes, los contaminantes pueden incorporarse a la cadena alimentaria.

María Elena Calderón Segura, del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático y quien estuvo a cargo de los estudios de laboratorio en esta investigación, destacó que lo que sucede con las tortugas ocurre con otras especies en el entorno ambiental.

Cada año, según la Organización de Naciones Unidas (ONU), se generan entre 400 y 600 millones de toneladas de basura plástica. La exposición al Sol y a las altas temperaturas hace que se rompan y fragmenten en partículas cada vez más pequeñas. “Algunas, incluso, podemos respirarlas sin darnos cuenta”, comenta.

Además, aunque muchos de los plásticos terminan en el mar, durante su trayecto, a través del suelo, los ríos y los lagos, liberan moléculas o compuestos químicos tóxicos, como el ftalato DEHP, que pueden ingresar a organismos acuáticos y terrestres.

“Se ha encontrado en tejido muscular de diversos peces, en ballenas”, relata Calderón Segura. “El ecosistema está completamente dañado, ya se ha registrado presencia de ftalatos incluso en la leche materna”, agrega Reynoso Rosales.

Ante el grave problema de la disposición de basura plástica, los investigadores consideran medir de forma sistemática los contaminantes en los cuerpos de agua del país. Destacaron el caso del río Suchiate, en la frontera de México y Guatemala, en cuya desembocadura con el mar se acumulan los plásticos.

De cara al futuro, los expertos consideran necesario desarrollar más investigaciones sobre la presencia de ftalato DEHP en los cuerpos de agua, las aves marinas que se alimentan de peces, o en las plantas que podrían absorberlos de mantos acuíferos.

Aunque el problema de los plásticos es global, Reynoso Rosales se pronunció por que cada país impulse una política pública para contrarrestarlo. Subraya que se deberían asumir compromisos para que las personas se hagan responsables de los desechos plásticos que generan.

Para Reynoso Rosales, el problema del plástico no se limita a los residuos visibles, sino a los contaminantes invisibles que liberan al ambiente y que, por medio de la cadena alimentaria, eventualmente pueden llegar al cuerpo humano.

Mas de esta seccion: Nacional


Nota:Este espacio es para que opines con responsabilidad, sin ofensas, vulgaridad o difamación. Cualquier comentario que no cumpla con estas características apropiadas, será eliminado definitivamente.