Felipe Espinosa Wang.
Vía: DW.
A pesar de la enorme variedad de grúas y maquinaria pesada disponible para todo tipo de trabajos, parece que el clásico uso del músculo humano aún no ha pasado de moda, aunque sea de forma simbólica. Japón lo demostró el pasado fin de semana, cuando unas 1.800 personas, al grito de "so-re, so-re", desplazaron a mano la torre del homenaje –una torre fortificada dentro del castillo– de Hirosaki, en la prefectura de Aomori, al norte del país: una mole de 360 toneladas que avanzó poco más de dos metros hacia su emplazamiento original.
El movimiento fue lento, pero, tratándose de un edificio de semejante peso, nada despreciable. Según The Guardian, grupos rotativos de 80 personas tiraron de cuerdas de 30 metros y consiguieron desplazar la torre 1,13 metros el sábado y otros 1,09 el domingo. La construcción estaba colocada sobre raíles para facilitar una operación basada en una antigua técnica japonesa.
¿Por qué tanto esfuerzo colectivo en lugar de simplemente desmontar la torre y volverla a levantar? La respuesta está en su estatus. Al tratarse de un bien cultural de importancia nacional, las autoridades optaron por el "hikiya", una técnica tradicional japonesa que permite desplazar edificios enteros sobre rodillos o raíles sin necesidad de desarmarlos.
El "hikiya" no siempre tuvo una finalidad ligada a la conservación. Durante mucho tiempo se utilizó sobre todo para trasladar construcciones y dejar espacio al desarrollo urbano, la ampliación de carreteras u otras obras. En Japón, sin embargo, la técnica también ha encontrado una nueva utilidad al permitir preservar edificios históricos y evitar que tengan que desmontarse o ser demolidos.
Un precedente histórico
La técnica ya se había puesto en práctica en Hirosaki en 2015, cuando fue necesario apartar la torre de su ubicación original para poder reparar una muralla afectada por un fuerte terremoto. Según The Guardian, aquella operación tuvo además un carácter excepcional: fue la primera vez que la ciudadanía participó directamente en un "hikiya" y supuso volver a emplear, por primera vez en un siglo, alguna variante de este método para trasladar un castillo.
Desde entonces, los trabajos se concentraron en devolver la muralla a su estado original. Esa tarea concluyó en diciembre de 2024, después de recolocar 2.185 piedras en sus posiciones originales. Con el muro restaurado, este año le ha llegado el turno a la torre de emprender el camino de vuelta.
Y voluntarios no han faltado. El interés por participar desbordó ampliamente las plazas disponibles. Kensuke Hayasaka, responsable de parques y espacios verdes del Ayuntamiento de Hirosaki, explicó al medio británico que en apenas dos días llegaron unas 8.000 solicitudes para 1.800 plazas, más de cuatro veces la capacidad disponible. Las solicitudes llegaron desde distintos puntos de Japón y también del sudeste asiático, Europa y Norteamérica.
Para algunos, además, la experiencia suponía un reencuentro con el castillo. Motoharu Nakata, de 61 años, viajó desde Hiroshima después de haber participado también en el anterior traslado y contó al Sankei Shimbun, según recogió The Guardian, que poder hacerlo de nuevo resultaba especialmente emotivo. The Independent, por su parte, recoge el testimonio de una mujer de 48 años de Tokio que acudió junto a su madre y expresó al Yomiuri Shimbun su deseo de regresar para ver la torre nuevamente en su ubicación original.
Pese al entusiasmo que ha despertado la iniciativa, el esfuerzo de los voluntarios representa solo una pequeña parte del recorrido. La participación ciudadana se prolongará hasta finales de agosto y está previsto que unas 4.100 personas contribuyan a completar cinco metros del trayecto. El plan contempla que la maquinaria se encargue de los aproximadamente 73 metros restantes antes de que termine el año, según The Guardian.
Un castillo centenario a la espera de reabrir en 2033
La importancia de Hirosaki va mucho más allá de este peculiar traslado. De acuerdo con el medio británico, de las torres del homenaje que aún siguen en pie en Japón, solo se conservan doce y la de este castillo es la única que queda en la región de Tohoku.
El castillo se terminó de construir en 1611, aunque su torre original desapareció en 1627 después de que un rayo provocara un incendio. La estructura actual fue reconstruida a comienzos del siglo XIX y, según The Independent, en 2006 el castillo fue incluido entre los "100 mejores castillos" de Japón.
Pero alcanzar su emplazamiento original no significará el final de las obras. Una vez allí, comenzarán nuevos trabajos de conservación durante los que la estructura permanecerá cubierta y no será accesible al público. Según explicó Hayasaka a The Guardian, la previsión actual es que pueda volver a recibir visitantes en 2033.
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