Ciudad Fernández, S.L.P.– Con pasos pequeños pero firmes, y con el respaldo total de su familia, Kalef Martínez Mancilla, un niño emprendedor, ha comenzado a abrirse camino en el tradicional oficio de bolero, una actividad que aprendió al observar a su hermano y que hoy desempeña con orgullo, constancia y entusiasmo. Regularmente se le puede encontrar los domingos, de 11:00 de la mañana a 5:00 de la tarde, ofreciendo su trabajo a la comunidad.
Durante una entrevista, el menor compartió que su interés nació de la curiosidad y que, con el tiempo, fue perfeccionando su técnica aprendiendo por su cuenta, viendo tutoriales y practicando día a día. En una jornada habitual logra bolear entre cinco y seis pares de zapatos, labor que realiza con dedicación y siempre con una sonrisa sincera.
Los recursos que obtiene no solo representan un ingreso, sino también un aprendizaje. Kalef explicó que ahorra parte de su dinero y reinvierte otra para mejorar su pequeño emprendimiento, demostrando desde temprana edad una visión responsable y perseverante.
En el ámbito educativo, dejó claro que el trabajo no ha sido un obstáculo para sus metas académicas. Tras concluir la primaria, señaló que continuará sus estudios mediante la secundaria abierta, convencido de que la educación y el esfuerzo diario pueden ir de la mano. Asimismo, envió un mensaje a otros niños y jóvenes, invitándolos a creer en sus capacidades y atreverse a emprender, más allá del uso constante de la tecnología.
Sus padres, Juan Antonio Martínez y Rosario Mancilla, expresaron con emoción que como familia han decidido apoyarlo en todo momento, resaltando que se trata de un trabajo digno que fortalece valores como la responsabilidad, la humildad y la cultura del esfuerzo. El padre recordó que este oficio ha sido, por generaciones, una forma honesta de sustento, incluso en comunidades como El Refugio, donde muchas personas han salido adelante gracias a él.
Finalmente, la familia reiteró la invitación a la ciudadanía para acercarse, conocer y apoyar al joven bolero, cuyo ejemplo demuestra que los sueños pueden comenzar desde la infancia cuando hay voluntad, trabajo y amor familiar.
Información: Gabriela Zamudio
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