Gloria Leticia Díaz.
Vía: Proceso.
Los ojos del Tata Romualdo García de Luna se encienden cuando recuerda la respuesta que un funcionario de Pemex le dio cuando denunció un derrame de hidrocarburo en el arroyo de su comunidad Ojital Viejo, en Papantla, Veracruz, en septiembre de 2024, causado por la fractura de la tubería de un pozo que había sido explotado por la paraestatal con la técnica del fracking.
“Ustedes se tienen que acostumbrar a ese olor”, le dijo imperativo Rigoberto Núñez Solís, entonces representante del Departamento de Exploración y Producción de Pemex en Veracruz.
“Eso me indignó. Y le digo, ¿sabes lo que estás diciendo? Es una discriminación hasta a nuestras personas. No somos animales, ni los animales tienen derecho a ser exterminados”, recuerda Romualdo, elegido como representante por su comunidad, ubicada en la región totonaca del norte del estado.
En entrevista, García de Luna, activista ambiental que se opone al fracking, cuenta que ese funcionario minimizó los efectos que causó el derrame de hidrocarburo a lo largo de ocho kilómetros del arroyo de su comunidad y de todo lo que tocó a su paso, sembradíos, animales silvestres, acuáticos y terrestres, así como domésticos, y sobre todo el agua del que se abastece la población.
“Y le decía yo a Rigoberto Ruiz: mire este animal. Sí, dice, es un sapito. Estaba cubierto el animalito con hidrocarburo. Pensé qué tipo de persona es esta. Le dije ¿no sabes que una rana hace un equilibrio al ecosistema?
“Pero ellos no lo saben porque no viven en la comunidad. Si vivieran aquí sintieran lo que se siente el olor a hidrocarburo, que te marea, que te irrita los ojos, que te causa náuseas, y que mucha de nuestra gente que vive cerca de un pozo petrolero dice que su papá se murió de cáncer, que su abuela se murió de cáncer, que le agarró estrés, herpes y muchas enfermedades”, explica Romualdo.
Entre agosto y septiembre de 2024 en Papantla, donde hay dos mil 500 pozos petroleros perforados a principios de los años 2000, en los que se ha aplicado la fractura hidráulica para la extracción de petróleo y gas, hubo derrames que afectaron a varias comunidades totonacas, sin que Pemex resarciera el daño de manera integral.
Sólo en Ojital el Viejo, por la lucha de Romualdo y sus habitantes, lograron que se limpiara su arroyo después de que interpuso una denuncia el 25 de septiembre de 2024 ante la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA), órgano desconcentrado de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (ASEA). El proceso de limpieza duró ocho meses, pero la explotación de los pozos no se detuvo.
“Vivir con el fracking es un exterminio total, que atenta contra la naturaleza, rompe los mantos acuíferos y contamina los manantiales, los pozos donde los seres humanos se abastecían o se siguen abasteciendo de agua, y los animales, los arroyos están siendo exterminados. Es un ecocidio porque mata todo, anfibios, microorganismos, pero también el herbolario que está a la orilla del arroyo”, dice con tristeza Romualdo, quien pide a la presidenta Claudia Sheinbaum que desista de su pretensión de impulsar el fracking en el país.
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